¿Cómo empezó Invitación a la vida?
Durante años, Yvonne Trubert recibió en su casa a cientos de personas, brindándoles su apoyo y su consuelo.
Su método era sencillo: escuchar,
comprender y amar sin restricción alguna.
Su finalidad: dar a los que la visitaban una nueva actitud ante la vida y un
impulso distinto.
Cuando el ser humano se siente amado, ve la vida de otra manera.
Entre esas personas, Yvonne reunió a un puñado de hombres y mujeres procedentes de horizontes muy distintos, para ayudarla a llevar a cabo un trabajo cuya demanda siempre iba en aumento. Una serie de personas con edades, personalidades y origen sociales distintos, con o sin religión y con unas ideas que podrían haberles enfrentado, se pusieron a trabajar juntos. Su único denominador común: el amor que habían recibido y que a su vez intentaban dar a los demás. Con este estado de espíritu, crearon junto a Yvonne la asociación Invitación a la Vida en febrero 1983, abriendo un primer centro en Francia, en Boulogne-Billancourt.







